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Punky – La 167 de Nápoles


167

El quartiere 167 o, la 167, también y más conocido como “i palazzini” son unos enormes complejos residenciales de altísimos edificios construidos bajo la tutela del Estado Italiano a finales de los 70 que se encuentran al norte, en las afueras de Nápoles y que constituyen un auténtico enjambre de población de unas treinta y cinco mil personas y, por lo tanto, con una densidad poblacional altísima para ser “tan sólo” un poligono residencial.

“I palazzini” se emarcan en el límite de las circoscrizioni, distritos de Scampia y Secondigliano y a continuación de estos, siempre hacia el norte y sin ningún espacio entre medias, está Melito di Napoli, la primera población de la periferia napolitana con ayuntamiento independiente de la metrópoli y que está a escasos 4 Km de Aversa, provincia de Caserta y capital por excelencia de la mozzarella campana.

No deben de ser más de 8 o 10 Km los que separan Melito de Piazza Garibaldi, el núcleo ferroviario de Nápoles y una de las plazas con más actividad de la ciudad. En ella se ubica la Stazione Centrale y una serie de bancarelle, puestos callejeros donde puedes encontrar de casi todo a precios muy económicos.

Son numerosas las leyendas urbanas que se cuentan sobre estos puestos, como aquella de un estudiante extranjero que había comprado una cámara digital de última generación por 40 euros y cuando llegó a casa y abrió el paquete, vio con asombro que la caja estaba llena de papeles de periódico y cartón y, naturalmente, sin la cámara.

Nápoles es una ciudad llena de contradicciones. Justo enfrente de la 167, se encuentra la moderna cárcel de Secondigliano. Un complejo carcelario construido en los 90 para paliar los grandes problemas de espacio y masificación que tenía la obsoleta prisión de Poggiorreale situada en otra parte de la ciudad. Obviamente, este problema aún no se ha resuelto ya que, el nivel de delincuencia en el sur de Italia es tan elevado, que también el moderno complejo está superpoblado a pesar de las grandes dimensiones de este.

Según Montesano, la periferia napolitana, siempre a punto de estallar, es otra realidad de la ciudad en donde conviven toda suerte de personajes y donde se ven reflejados, sin ningún género de dudas, todos los problemas que tiene el sur de Italia: desempleo, absentismo escolar, drogas, prostitución, microcriminalidad, camorra, etc. Son pocos napolitanos los que en su vida se han visto libres de un atraco o extorsión.

Me parece una paradoja el hecho de que muchos de los chicos que nacen y viven en la 167 acaben con sus huesos en la cárcel que está justo delante de sus ventanas. Sus chicos, y sus chicas, porque las mujeres de la 167 son un género aparte dentro del femenino. Baccalaiole, verduleras en su mayoría por la forma de hablar, manejan un dialecto dentro del dialecto napoletano y un extraño código de gestos que solamente entienden ellas, acostumbradas a comunicarse gritando de balcón en balcón. Esta costumbre no es tan extraña, de hecho se da en todo Nápoles e incluso en algunas partes de España. El problema es que ellas, cuando se dirigen a ti, te siguen gritando como si desde el 4° hablaran con el 17°, y cada cierto tiempo te van golpeando sutilmente la pierna o el brazo con la mano para que les sigas la conversación y no pierdas hilo.

Sin duda son las estrellas de la 167. Si la sociedad napoletana es ya eminentemente matriarcal, las mujeres de la 167, y sobre todo las quinceañeras, por su modo de vestir, con colores estridentes y espejos pegados en los pantalones; botas y zapatos con grandes tacones o zapatillas de deporte doradas y el rol que ocupan dentro de la jungla del quartiere, hacen de ellas las reinas absolutas del barrio donde su particular tuning estilístico las convierte en protagonistas principales de la película. Por su modo de conducir los motorinos, de 2 en 2 o de 3 en 3, a lomos de sus centauros a motor desafían con miradas y gestos, haciendo frenar al resto cuando ellas pasan. El objetivo es que un maschio las mire, intercambien cuatro palabras y a continuación las persiga con la macchina, dando acelerones y frenazos demostrando así su “habilidad” al volante.

Habilidad que no es tal. Conducir “bien” en Nápoles consiste simplemente en esquivar coches, autobuses, motos, personas, perros y agujeros a gran velocidad, sin tener en cuenta ninguna norma básica de conducción ni de cortesía hacía el resto, es decir, yendo cada uno a lo suyo sin usar espejos, intermitentes ni semáforos.

Sí, perros. Por todas las calles se ven perros callejeros, a veces jaurías en las plazas más importantes que ladran y amenazan a viandantes y motorini sin que ningún ente público intervenga.

Sí, agujeros, las calles de la ciudad están llenas de voragini e buchi que jamás se reparan ya que el dinero comunitario se usa en cursos de formación profesional para desempleados de larga duración. Cursos inútiles, ya que lo único que les interesa a los desocupados es cobrar los 2,5 euros por hora que les paga la Regione, Comunidad Autonóma, por asistir a clase.

El movimiento per i desocupatti es una asociación de desempleados de varios miles de personas cuyo objetivo es protestar, no porque quieran un puesto de trabajo que la ciudad no esta en disposición de dar, sino porque pretenden que sea el Estado quien se ocupe de ellos, de sus gastos o bien que les haga funcionarios. Es normal que no quieran un trabajo porque ya lo tienen y no uno, normalmente varios, siempre “en b” y por ello todos tienen el último telefonino o videofonino, motorino y coche. Vamos, que no se mueren de hambre… Y lo que hacen es manifestarse por las calles principales, una o dos veces a la semana, colaborando a colapsar el ya caótico tráfico de la ciudad.

La 167 es el quartiere de Nápoles en donde, hará un año y medio, la acaldesa Rosa Iervolino tuvo que pedir ayuda al estado para militalizar la zona, debido a la guerra de familias que se estaba llevando a cabo dentro de los patios, calles y plazas del quartiere. La policía y los carabinieri se vieron desbordados e incapaces de frenar tanta violencia y sólo la imposición de la ley marcial y la presencia continuada del ejército durante casi dos meses, en los que desplegaron instalaciones militares como en una zona de guerra, hizo que los sicarios, cecchini y las vendette se terminaran por el momento.

Las familias llevan a cabo el reclutamiento de sicarios entre la gente joven del quartiere, ragazzi de 15 a 18 años que pasan de no ser nadie a ser temidos y respetados por sus vecinos, facendo o’guappo, es decir, chuleándose y jactándose de su nueva condición, pasando a ganar de 3000 a 6000 euros al mes por trabajar para alguno de los clanes de la ciudad.

Desde casa puedo escuchar cada dos o tres noches los fuegos de artificio y petardos que desde los patios de la 167, los capogruppo de cada familia, tiran para avisar a sus spacciatori, camellos y por ende, a los toxicómanos, de que la droga ha llegado y por tanto, pueden pasar unos y otros para aprovisionarse. Cada noche que esto sucede me pregunto: si yo sé que esto es asi, lo ha de saber también la policía, ¿no? Y si es asi, ¿Por qué no hacen algo? Las guerras de la camorra en la 167 siempre han sido por el reparto de los territorios de la droga…

Otro hecho interesante es que al interior de la 167, entre sus calles y plazas, no se puede pasar con motorino o moto llevando el casco puesto. De hacerlo uno se expone a que los vigías de las familias, auténticos francotiradores apostados en las terrazas, te disparen, ya que los cecchini normalmente van en motorino y ocultan su identidad tras el casco. Esto significa que cada vez que se que se pasa en moto por ahí conviene quitarse el casco para no correr ningún riesgo inútil…

¿Por qué esta situación? Una posible respuesta es que al Estado Italiano le interesa que Nápoles sea la puerta de atrás de sus “asuntos oscuros”, el cubo de basura del sur al que poder acudir y al que poder culpar de todos los males de la nación. Italia es un país con un marcado carácter mediterráneo acostumbrado a “mercadeos” de todo tipo. El hecho de que la situación sea de ruina y los habitantes de la ciudad mantengan un negocio negro de pingües beneficios con origen en via Forcella,* proporciona el escenario idóneo para que los políticos locales y nacionales puedan campar a sus anchas con mentiras y promesas de desarrollo enriqueciéndose con los Fondos Europeos. Por eso el Estado no tiene interés en intervenir ni en invertir en una solución al problema del desempleo (Nápoles tiene la mayor tasa de desempleo de la U.E.) ni a los de la delincuencia, tráfico de sustancias y prostitución.

La Regione Campania, cuya capital es Nápoles, tiene los mayores porcentajes de población joven y anciana de la U.E. Sin duda, esta es otra de las contradicciones que se dan de este territorio.

Punky
Napoli, febbraio 2006

* Via Forcella es la calle de Nápoles más ligada a la historia de la camorra y donde históricamente se inició todo. Tiene como origen la ocupación americana del final de la Segunda Guerra Mundial que transformó Forcella en una Kasba donde se podía comprar y vender cualquier cosa, personas incluidas, sobre todo mujeres y niños.

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