Mochilero de Aventura

Viajes increibles, experiencias únicas

El arte de viajar. El viaje como transformador de espíritus.


Es una pena pero todo viaje llega a su fin. Nada es permanente dicen los Budistas, y por eso mismo tampoco soy yo el mismo que partió. La vida es un viaje, pero nos empeñamos en que nada cambie y todo sea igual al día siguiente. Por ello cuando hacemos estos “pequeños viajes” dentro de nuestra limitada existencia algo despierta en nuestros corazones, algo primitivo que siempre estuvo ahí, y que ahora se despereza como un niño en la cama sonriendo ante la novedad del nuevo día.

He conocido mucha gente estas semanas, de muchos países, con diferentes culturas, con diferentes historias y distintos objetivos, pero todos teníamos algo en común: la mirada. Una mirada llena de ilusión por vivir el día y descubrir que nos deparaba esa nueva ciudad. Miradas y sonrisas abiertas de par en par, felicidad, excitación, amistad y solidaridad. En definitiva lo mejor del ser humano se comparte en cada hostel, punto de encuentro de viajeros.

Debe haber algo que nos impulsa a viajar y luego nos transforma. Quizá siglos de nomadismo han hecho mella en nuestro ADN, pero también el hombre ha sido explorador por naturaleza. El caso es que ahora más que nunca el sistema ejerce una diabólica presión hacia el conformismo, el sedentarismo, y al inmovilismo. Se nos adoctrina para permanecer agrupados en ciudades, donde en seguida perdemos nuestra sensibilidad con la naturaleza, a consumir según ciertos cánones que provocan nuestra esclavitud al sistema y del cual entonces es muy difícil salir. Solo entonces nos permite unas pocas semanas al año de descanso, y a ser posible no seguidas (pues uno puede transformarse demasiado), a algún destino establecido y apto para las masas.

Una masa controlada. ¿Quien va a experimentar algún cambio? Todo es igual, salvo que no vas a la oficina. Mucha gente no quiere cambios, ya están completamente adaptados al sistema, ahí creen ser felices.

Pero a veces un giro inesperado en tu vida, una conversación, un libro, lo que sea, algo despierta mínimamente en tu interior y te recuerda tu profunda sed de nuevas experiencias, aventuras, explorar otras culturas. Entonces un viaje a lo desconocido es la puerta de la esperanza.

Sí, lo se, es solo una parte de la realidad, mi realidad, pero todo el mundo debería viajar.

(Timisoara-Budapest, agosto de 2013).

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